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La importancia de los objetivos.

 



A nadie se le escapa lo importante que es tener un, o unos objetivos claros y definidos a la hora de encarar cualquier meta y en el deporte no es diferente. El fijarse objetivos es válido para todos los aspectos de la vida, los estudios, preparar una oposición, aprobar un examen, etc...

¿Objetivos si o no? 
La diferencia entre tener algún objetivo, o no tenerlo, puede ser lo que marque el continuar cuando las cosas se pongan cuesta arriba, cuando la climatología, el trabajo, la familia u otras obligaciones nos "tienten" con abandonar nuestro camino. Si el /los objetivo/os están claros y son suficientemente motivadores para nosotros, serán los que nos animen a seguir adelante a pesar de las circunstancias. Por lo que obviamente, siempre debemos tener algún objetivo.

Tipos de objetivos:
Las clases de objetivos son incontables, pero aquí me voy a centrar en los objetivos fijados en el tiempo. Debemos empezar por diferenciar tres tipos de objetivos de acuerdo a lo que acabamos de mencionar, estos son:
-Objetivos a corto plazo.
-Objetivos a medio plazo.
-Objetivos a largo plazo.

Los objetivos a corto plazo: Son, obviamente, los más próximos y serán los que debamos tener más presentes por ser los primeros que debemos alcanzar y ser los que, en el día a día, debemos repetirnos para animarnos a superar sesiones o días complicados. Estos objetivos no deben ir más allá de un par de semanas, como mucho tres. Perseguir un objetivo a corto plazo y concreto nos permite centrarnos en lo que debemos hacer en ese momento.
Los objetivos a medio plazo: Son los objetivos a los que nos conducirá el superar, o alcanzar, los objetivos a corto plazo. Han de ser más ambiciosos que los primeros y han de suponernos un reto algo mayor, pues de no ser así no serán suficientemente estimulantes.  Hacen que tengamos una perspectiva del punto del que hemos partido (nuestros objetivos a corto plazo) y nos ayudan  a encaminarnos hacia el siguiente (objetivo a largo plazo) animándonos, pues parte del camino ya está hecho. 
Los objetivos a largo plazo: Este o estos objetivos, son el final de nuestro planteamiento, por lo que tienen que ser los más ambiciosos de todos. El alcanzarnos ha de suponernos un esfuerzo, pero sobre todo ha de servirnos de motivación el hecho de lograrlo. Pueden llegar a movilizar energía, motivación  y aumentar el esfuerzo. Hacen que afrontemos con más ganas lo que nos planteamos, recordándonos qué es lo que queremos y qué tenemos que hacer para conseguirlo.
Los tres tipos que he nombrado son necesarios, pues se complementan y unos nos conducen hacia los otros.
Peligro de los objetivos:
El gran riesgo de marcarnos objetivos no realistas o demasiado ambiciosos es el no lograrlos, el vernos incapaces de conseguirlo. Eso puede suponernos un "varapalo" que nos haga abandonar. Por ello los objetivos han de ser realistas y alcanzables pero deben, a su vez, entrañar alguna dificultad o reto, pues de lo contrario, si son demasiado fáciles, no nos servirán de estímulo.

¿Nos ayuda establecer objetivos?

Sin lugar a dudas, SI. El tener objetivos mantiene nuestra atención en las metas y nos mantiene alta la motivación. Cuando se alcanza un objetivo debemos celebrarlo como una pequeña victoria, pues lo es, hemos logrado uno de nuestras metas, pero eso no debe apartarnos del camino hacía el resto de nuestros objetivos.

¿Cómo deben ser los objetivos?

Realizables: Debemos plantearnos objetivos que nos supongan un reto, ya que si son demasiado fáciles nos aburrirán, pero al mismo tiempo deben ir en consecuencia a nuestras posibilidades, ya que si son demasiado difíciles nos frustraremos al no poder alcanzarlos. Pueden abarcar aspectos técnicos, tácticos, físicos o psicológicos. 

Claros: Tenemos que especificar al máximo lo que queremos lograr, de esta forma el objetivo estará más definido y será más claro. Por ejemplo: Si digo "quiero nadar más" no es claro, lo correcto sería: "quiero nadar 400 m. o 20 minutos más" eso si nos marcará una meta clara. 

Temporalizados: Para alcanzar nuestro objetivo final es preciso trazar un plan que especifique objetivos a corto, medio y a largo plazo, a lo largo de una línea continua que nos dirija hacia nuestro objetivo final. Si no tenemos unos plazos marcados corremos el riesgo de dilatarlo a nuestro antojo según nos convenga.

En términos positivos: Siempre debemos trabajar con frases "positivistas". “Debo concentrarme en mi ritmo" es mucho mejor que "No puedo permitir que me despisten" 

Controlables: La consecución o no de nuestro objetivo sólo debe depender de nosotros mismos. En el momento en que factores externos y ajenos a nosotros intervengan y puedan hacer variar el resultado, nos puede afectar negativamente. Por ejemplo, "voy a ganar la carrera" eso no depende de mi, pues hay otros corredores, pero "voy ha hacer mi mejor carrera" eso si depende de mi y evitará que la presión externa me pueda afectar.

Gracias y salu2.

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